miércoles, 22 de febrero de 2012

DEVOCIONAL 2



PRO. 4:23 “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”

Muchas veces nos acercamos al fuego y de cerca, apreciamos los colores que lo conforman, su destello desprende ondas de calor que nos alcanzan y nos hacen sentir apacibles, nos gusta su danzar y cómo las llamas aumentan y disminuyen frente a nuestros ojos, la realidad es que justo en ese momento es donde olvidamos por completo, su peligrosidad. Es hasta que una pequeña chispa salta del centro de la fogata y cae sobre nuestra piel que recordamos el dolor que éste es capaz de generar, si bien nos va, sólo nos quedará un pequeña marca mientras sana la quemadura, sin embargo, una chispa en la tela inadecuada y con viento que la propague son los ingredientes suficientes para crear un incendio.
Guardar nuestro corazón por encima de todo nos permitirá como jóvenes alejarnos de cosas que se muestran atractivas a la distancia, pero que por nuestra inexperiencia ó por nuestro exceso de soberbia no somos capaces de dimensionar sobre su peligrosidad.
Si guardamos nuestro corazón por encima de todo y lo mantenemos en un lugar seguro, tu probabilidad de incendiarte se reducirá significativamente, y entenderás que de “él mana la vida” cuando compruebes lo dulce que es Dios y lo claro que es a nuestra vida si le seguimos.
Alejarse del fuego no es tan difícil cuando eres firme y estas convencido que más que por el compromiso humano, tu quieres alejarte de él por lo peligroso que resultará para ti, y si llenas tu corazón de pensamientos atractivos (música, actividades, deporte, lectura, convivencia, proyectos, aprender cosas nuevas como: cocinar, o tocar un instrumento, tomar fotografía  o ir a un gimnasio, etc.) y sabrás que a pesar que esa fogata este encendida ahí, tu corazón y tus convicciones son tan firmes que desde lejos preferirás mantener a salvo tu corazón.

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